NO SE APARTARÁ DE TI MI MISERICORDIA.
“Porque los montes se moverán, y los collados temblarán, pero no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz se quebrantará, dijo Jehová, el que tiene misericordia de ti” (Is. 54:10).
Los montes y los collados son símbolo de firmeza, sin embargo pueden ser sacudidos por terremotos. El profeta usa ese ejemplo para contrastarlo con la firmeza de las promesas de Dios. Es cierto que las palabras tienen que ver con el futuro de Israel restaurado, cuando el nuevo pacto sea una realidad para ellos. Pero puedo tomarlo para mi hoy, como una palabra de aliento divino.
Aunque las cosas aparentemente más firmes puedan ser sacudidas, nadie hará mover ni un milímetro las promesas de Dios. Muchas veces nuestra experiencia es la de una conmoción que hace temblar todo cuanto nosotros hemos considerado estable y firme en nuestra vida. En ocasiones tiembla nuestra firmeza económica y somos quebrantados al perderlo todo. Otras veces se sacuden los cimientos de nuestro hogar, cuando los pactos más solemnes se quebrantan, o cuando la muerte corta la relación con la persona más querida. Pudiera ser que la enfermedad haga temblar nuestra salud física y pasemos por momentos de inquietud y de angustia.
Acaso sean los años que zarandean nuestras fuerzas y hacen que nos sintamos débiles y necesitados de ayuda que antes no nos era precisa. Es posible que una depresión haga estremecer nuestra estabilidad emocional, y nuestros días pasen entre tristeza y lágrimas que no podemos evitar. ¿Hay algo que esté haciéndote sentir inseguridad? ¿Estás pasando por un conflicto que te hace temblar? Mira un momento las palabras del versículo y cobra aliento con ellas.
Muchas cosas pueden moverse en la vida, pero hay algo que permanece firme: La misericordia y la paz de Dios. No están lejos de nosotros, sino cercanas. La bendición es que aunque perdamos todo, estas dos cosas no se apartarán de nosotros. En la misericordia Dios muestra un amor adecuado a nuestras miserias, y corre a nosotros dispuesto a darnos la provisión para cada momento de prueba y de necesidad. El Dios de gracia, sabe de nuestro sufrimiento, y entiende todas la aflicciones por las que estemos pasando, porque Él fue probado en todo según nuestra semejanza (He. 4:15). El que fue varón de dolores experimentado en quebranto, conoce por experiencia lo que nosotros sufrimos en medio de nuestras pruebas. La misericordia corre a nuestro encuentro para sostenernos en medio del conflicto y para abrir la puerta que facilitará la salida de la inquietud a la paz. Esta bendición es posible porque se mantiene firme “el pacto de paz”, que es en y por Cristo. Ese pacto está cimentado en el amor divino y en la insondable gracia de nuestro Dios. Podrá moverse y quebrantarse todo, pero nadie nos podrá “separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Ro. 8:39).
Alma mía, descansa segura y confiada. ¿Estoy sintiendo que todo tiembla y se estremece? Entonces ha llegado el momento en que Dios cumplirá Su promesa porque Su pacto no puede ser quebrantado. En momentos así es bueno recordar: Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Autor: Pastor Samuel Pérez Millos
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