Deje esos malos hábitos.Nos debemos de convertir en pacificadores, sembrando el Evangelio de la Paz.Jesucristo es el Príncipe de la Paz.
Hebreos 7:25: “Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por Él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.”
Jesús está velando por usted y Él está orando por usted. El Salvador. El Pastor. El Rey. El Príncipe. ¡Él está orando por usted!
¿Se siente animado? ¡Esperamos que sí! Tan sólo saber que el que murió por usted, y vive “para interceder” por usted es suficiente. Él vive para estar firme en la brecha por usted.
¡Qué Dios tan poderoso el que servimos! ¡Qué misericordia inmerecida! ¡Usted está en la lista de oración de Jesús! Él lo conoce. Y Él está orando cuando usted está pasando por el ojo de la tormenta.
Jesús está velando por usted y Él está orando por usted. El Salvador. El Pastor. El Rey. El Príncipe. ¡Él está orando por usted!
¿Se siente animado? ¡Esperamos que sí! Tan sólo saber que el que murió por usted, y vive “para interceder” por usted es suficiente. Él vive para estar firme en la brecha por usted.
¡Qué Dios tan poderoso el que servimos! ¡Qué misericordia inmerecida! ¡Usted está en la lista de oración de Jesús! Él lo conoce. Y Él está orando cuando usted está pasando por el ojo de la tormenta.
El efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre.Isaías 32:17
La conducta limpia produce paz y estabilidad espiritual, pero la conducta pecaminosa produce inestabilidad. Eso es así no solo en el reino milenario, donde un día Cristo gobernará la tierra con justicia, como lo indica el versículo de hoy, sino también en la vida del creyente. Jacobo el hermano de Jesús dijo "La sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica... Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz" (Stg. 3:17-18).
Contentamiento, consuelo, calma, quietud y tranquilidad acompañan a la conducta cristiana, que se basa en la Palabra de Dios. Hacer lo bueno no es solamente la manera de vencer lo malo (Ro. 12:21), sino también la práctica que se espera de todo creyente. Al cultivar buenos hábitos gracias al poder de Dios, disminuirán sus malos hábitos, y su vida será más estable.
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