HIJOS,
HABLEN DE JESUCRISTO COMO LO HIZO EL INDÍGENA CHURUNEL.
EL GUSANO
ATRAPADO.
Por el
Hermano Pablo.
Un indígena
oriundo de Centroamérica había hallado la paz en Dios. Había cambiado
radicalmente, de una vida de depravación, borracheras e infidelidad, a una vida
de verdadera satisfacción y paz. Siempre hablaba de su salvación y de lo que
Jesucristo había hecho por él. No le importaba dónde estuviera ni quién
estuviera viéndolo o escuchándolo. A todos les daba el testimonio de su
conversión.
Un día un
amigo suyo le preguntó:
—Churunel,
¿por qué hablas tanto de Cristo?
Churunel no
respondió de inmediato, sino que comenzó a recoger palitos y hojas secas que
fue colocando uno sobre otro en un círculo. Entonces buscó hasta hallar un
gusanito, y lo puso en el centro del círculo. Todavía sin decir palabra,
encendió un fósforo y lo acercó a las hojas y a los palitos secos.
El fuego dio
la vuelta al combustible seco, y el gusanito atrapado comenzó a buscar
locamente cómo salir, pero no podía.
Por fin el
fuego avanzó hacía el centro, y el calor se fue acercando al gusano. Éste,
desesperado, levantó en alto la cabeza como para respirar, cuando menos, un
poco de aire fresco. El gusanito sabía que su único refugio tendría que venir
de arriba.
Al verlo
así, Churunel se inclinó y le extendió sus dedos. El gusano se asió de ellos y
el indígena sacó el gusano de en medio del fuego. Fue hasta entonces que emitió
su primera palabra.
«Esto
—explicó Churunel— es lo que Cristo hizo por mí. Yo estaba atrapado en los
vicios del pecado, y no había esperanza de salida. Había tratado, por todos los
medios posibles, de salvarme a mí mismo, pero me era imposible.
»Entonces el
Señor se inclinó hacia mí y me extendió su mano. Lo único que tuve que hacer
fue asirme de Él. Cristo me sacó de esa prisión. Por eso no puedo dejar de
contarles a todos lo que hizo por mí.»
Lo cierto es
que aquel indígena describió a la perfección lo que Cristo puede y quiere hacer
por cada uno de nosotros. Sin Cristo estamos atrapados. Más vale que
reconozcamos de una vez por todas que la vida real no respalda el argumento
popular que dice: «El día que yo quiera dejar el vicio, puedo dejarlo.» De no
ser por una ayuda que venga de arriba, moriremos en nuestros pecados.
Cristo está
cerca de nosotros y nos extiende la mano. Sólo tenemos que asirnos de ella.
Churunel lo hizo y encontró paz. Así como él lo han hecho millones más, y han
hallado la paz. ¿Por qué no hacerlo nosotros también? Cristo quiere rescatarnos
y darnos su paz.
Literalmente, paz es el fruto de justicia. Es la justicia de Dios gobernando y reinando en su corazón.
Literalmente, paz es el fruto de justicia. Es la justicia de Dios gobernando y reinando en su corazón.
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